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Escribir con un bebé en casa

La maternidad, qué cosa tan bonita, agotadora y, a veces, enervante. Desde hace más de un año, toda mi vida gira alrededor de ser madre. Y es que es una tarea titánica. De hecho, a veces parece que solo seamos madres y nada más. Ni mujeres, ni trabajadoras, ni amigas. Solo madres. Si lo eres, a lo mejor te ha pasado lo típico de que te pregunten cada dos por tres por el bebé o por tus hijos, pero que pocas veces te pregunten por ti, cómo estás tú, cómo estás llevando tú todo. Puede parecer una tontería, pero a mí a veces me molesta. Me molesta que, para algunas personas, haya dejado de ser más y “solo” sea una madre. Y lo digo con todo el amor que me provoca ser mamá.

Porque yo no soy solo mamá. Soy escritora, trabajadora, ama de casa, hija, pareja, amiga, cuidadora profesional, creadora de rutinas y, a veces, heroína. Y también soy madre, por supuesto.

Pero esto te lo puedo contar ahora, en confidencia y después de muchos altibajos. Si estás suscrita a mi newsletter ya sabrás lo que significó para mí convertirme en mamá. Una se prepara durante los casi 10 meses de embarazo, pero al final, la maternidad te da una bofetada en toda la cara con la mano abierta. Y así mismo fue en mi caso, tal cual. Una bofetada de esas que se recuerdan todavía meses más tarde. Haciendo la historia un poco más corta: el ser mamá me enseñó muchas cosas, pero antes de eso, me quitó muchas otras.

Me perdí durante muchos meses: dejé de leer, de hablar de forma coherente, de preocuparme de nada que no tuviese que ver con ese pequeño angelito que ahora tenía. Y está bien. Bien y mal, en realidad.

Con el tiempo una voz se instaló en mi cabeza. Eres mamá, siempre lo has querido y se siente genial. Pero también eres más, MUCHO más que eso y no quiero que lo olvides. La voz era muy tenue al principio, pero fue cobrando cada vez más fuerza. En mi última newsletter te conté lo que me dijo mi pareja entonces y cómo me ayudó.

Comencé a escribir de nuevo en octubre del 2021. Ya llevaba 9 meses siendo mamá. Y en realidad comencé a hacerlo sin mucha esperanza porque ya lo había intentado unos meses antes y no había funcionado. Pero para ese entonces ya me había adaptado tanto y tan bien a las rutinas que la pequeña había creado para sí misma, que esa vez funcionó. Desde octubre del año pasado me funciona el hacer cosas que YO quiero hacer. Siempre combinadas con las que tengo que hacer, las quiera o no. Y está bien. Porque de esa manera tengo mucha más energía para ser mamá. Por supuesto, no todos los días son buenos, ni productivos (recordemos que podemos ser productivas sin hacer “nada” y que para serlo tampoco hace falta pasarse el día haciendo cosas, por favor). Hay días donde yo misma me quiero ir a la cama después de acostar a la pequeña porque no puedo más. Otros días donde la espalda o la cadera no me dejan avanzar, donde Stella solo quiere estar en mis brazos o pegada a mí o, simplemente, días donde las noches son más ajetreadas y el día, simplemente, no funciona.

Escribir con un bebé en casa

¿Cómo he hecho que funcione?

Creo que ha sido de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Y he tenido que convertirme en trabajadora 24/7 para saber que siempre hay tiempo para hacer lo que queremos, aunque digamos que no tenemos tiempo.

Te voy a dejar una lista corta de cómo me ha funcionado a mí. Quizás a ti también te sirva y puedas adaptarla, de alguna manera, a tus horarios y rutinas. Tengo que decir, en primer lugar, que yo soy una persona bastante rutinaria (y eso a pesar de que siendo más joven las odiaba). Soy bastante casera y me gusta estar entre mis paredes. A pesar de eso, siempre rompo mis rutinas, primero porque a veces es inevitable y segundo, porque también es bueno de vez en cuando.

  1. Ahora veo mi día a día no solo como un día más, sino como una jornada de trabajo. En un trabajo de oficina de 8 a 17 horas sentado al escritorio, a lo tuyo. Yo no estoy sentada frente a un escritorio todo el día, por supuesto. Pero intento ver mi día como mi jornada laboral (incluso aunque la jornada en sí no tenga fin, en realidad). Es precisamente por eso que, para mí, cuando la pequeña hace su siesta, ese es mi tiempo de “pausa”. Y lo digo entre comillas porque primero me ocupo de cocinar y comer y, luego, de irme a mi despacho a hacer algo que yo quiera. Ahora mismo está siendo escribir, pero lo hago porque quiero y no como una obligación.
  2. No me lleno el día de tareas. Al principio de la semana siempre pienso todo lo que tengo que hacer a nivel de hogar y me divido las tareas. Tres, máximo cuatro cada día para no agobiarme. Puede que te parezca poco, a mí también me lo parece. Pero en realidad es más que suficiente. Hay días que consigo hacer las tareas de dos días y otros que no puedo ni tomarme el café caliente y tranquila. La gracia de esto es no agobiarme a mí misma al ver que un día no he podido hacer nada porque, al fin y al cabo, estoy llevando la tarea más magnífica de todos: ¡mantener a Stella con vida!
  3. Divido mis tareas “del hogar” y las de “trabajo”. ¿A qué me refiero con esto? A que tengo dos agendas: la de casa y la del trabajo. En la del trabajo apunto todo lo que tenga que ver con diseño, con escribir, con cosas que hago porque quiero, pero porque quiero vivir de ellas algún día (o porque ya vivo de ellas). En el de casa, apunto mis tareas diarias (poner la lavadora, limpiar la cocina, cocinar X). Pero repito: ninguna de las dos tiene listas interminables de cosas por hacer. Recuerda que ir pasito a pasito, de forma lenta pero constante es mejor que agobiarse un par de días y tirar la toalla.
  4. Siempre dejo tiempo para “no hacer nada”. Porque a veces está bien tirarse en el sofá y ver la tele, echarse una siesta o, simplemente, jugar a algo que te guste y te despeje un poco. Como ya he contado, en los días malos que ya veo venir desde por la mañana, tacho todo lo que tengo que hacer ese día y me lo dejo libre, por decirlo así. En esos casos, cuando Stella duerme, suelo tomármelo completamente libre y no hago nada que sea una tarea en sí.
  5. Haz las cosas porque quieres hacerlas. No todo podemos hacerlo porque queremos, por supuesto, pero lo más importante es dejarte tiempo en el día para hacer algo que tú quieras hacer. Da igual lo que sea: salir a pasear, mirar por la ventana, darte un baño o hacer la siesta. Algo que quieras hacer de verdad, que te apetezca mucho. En mi caso, ahora mismo está siendo escribir, pero puede que eso cambie cuando empiece a trabajar a mitades de febrero.

En las últimas newsletter y en este artículo todo gira un poco acerca de la maternidad, pero te prometo que en los próximos ya no lo hará tanto. Voy a seguir mandando newsletter cada dos semanas, todos los domingos, así que no dudes en suscribirte si quieres estar a tanto del todo. Aquí en el blog subiré un artículo cada cuatro semanas.

No dudes en dejarme en comentarios cómo consigues tú sacar tiempo para escribir o cuáles son tus consejos para hacer de la escritura un hábito bonito que no resulte pesado.

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