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Cómo descubrir tus habilidades

habilidades de mamá

Si eres escritora mamá, estoy segura de que te habrás dado cuenta de que tienes unas habilidades extra. Unas muy especiales. Yo las llamo habilidades de mamá.

Y no, esas habilidades no son preparar biberones, comidas y cambiar pañales todo al mismo tiempo.

En realidad, no son tanto unas habilidades especiales que están ahí como por arte de magia. Son, más bien, cosas que siempre has podido hacer, pero de lo que te percatas de repente. En mi caso, mi habilidad número uno es la de organizarme para que me dé tiempo a hacer una cantidad de cosas para las que antes de la maternidad jamás lo había tenido (y la verdad no son tantas).

 

El tiempo es el que es, pero ¿lo utilizas bien?

Tus días tienen 24 horas. Los de las demás escritoras, también.

24 horas, cuando se tiene un trabajo nutricional a tiempo completo, una casa de la que ocuparse y, a lo mejor, una familia propia, es muy poco tiempo. De verdad que lo es.

Y eso, sin contar cosas como la vida social, el tiempo para ti, las compras o el ocio.

Si eres de las mías, solo con leer los últimos dos párrafos, habrás empezado a sudar la gota gorda.

Desde hace ya más de un año soy mamá y no hay cosa en el mundo que me haya cambiado tanto la vida y la perspectiva como serlo. Y no, no me refiero a tener lo más bonito del mundo entre mis brazos. Ni tampoco hablo del amor de madre. Esas son cosas hermosas, sin duda. Pero yo me refiero a otra cosa.

La maternidad me hizo abrir los ojos. Y abrirlos de verdad, además.

De repente sentí la necesidad de organizarme y planificar mis días porque tenía demasiado que hacer. Con el tiempo comencé a diferenciar las rutinas de mi hija y fui acoplándome a ellas. Diseñé mis horas de trabajo alrededor de sus horas de sueño y, ¡sorpresa! Volví a escribir, regresé al blog, a la newsletter, a las redes y le di un lavado de cara total a lo que había estado haciendo durante los últimos años.

La maternidad me hizo darme cuenta de esas habilidades de mamá que nada tienen que ver con los hijos, en realidad.

A lo mejor, si eres de las que no suele planificar, esto te suene raro. Cada una tiene su forma de trabajo. Pero, si en algún momento te has dado cuenta de que trabajas mejor con un mínimo de planificación, ¿por qué no hacer de la planificación un hábito?

 

Reconocer que somos buenas en algo sigue siendo difícil

Creo que la creencia limitante número 1 en este caso es que no podemos reconocernos que somos buenas en algo. Es muy probable que a veces tengas la necesidad de decirte lo buena que eres en algo. Pero estoy segura de que serán más bien ocasiones excepcionales.

Yo soy la primera que peco de esto y me da muchísima rabia. Porque creo que no hay motor que encienda más la motivación y las ganas que ver y reconocer nuestros éxitos por muy pequeños que sean.

Si hoy consigues escribir media hora en vez de nada, festéjalo.

Si te has levantado de la cama diez minutos antes que ayer, también.

Cualquier cosa, por pequeña que sea: si es un logro para ti y en tu rutina, es un éxito y hay que tratarlo como tal.

Cualquier cosa que te cueste mucho hacer de normal y hoy hayas conseguido, haz una fiesta y reconoce tu éxito.

Esto puede sonar muy a pensar en positivo hace que todo te salga bien en la vida y no es lo que estoy buscando. Pero es cierto que, manteniendo una actitud lo más positiva y abierta posible nos hará más amables hacia nosotras mismas.

Jamás debes compararte con otras escritoras porque ellas consiguen más que tú. Cada una tiene su ritmo y eso es lo primero has de asimilar. A mí me costó (y todavía me cuesta) muchísimo tiempo darme cuenta.

¿Qué pasa si no escribes ocho horas diarias? ¿Si hoy no puedes poner las tres lavadoras que te habías propuesto? ¿Si pides comida en vez de cocinar porque no te da la vida?

Te lo digo yo ya: ¡no pasa nada!

En vez de martillearte una y otra vez con las cosas que no has conseguido, felicítate por las que sí has podido hacer.

habilidades de mamá estaban

Las habilidades de mamá ya estaban antes de serlo

Y, en caso de que no seas mamá, están ahí igual, créeme.

A veces solo nos cuesta verlas porque vivimos metidas en un túnel. Hacemos las cosas porque hay que hacerlas y no nos paramos a hacernos preguntas o a replantearnos el cómo lo hacemos o porqué.

El mejor y el peor tiempo de toda mi maternidad lo tuve al principio. El mejor, a nivel emocional. El peor, a nivel personal.

Lo peor a nivel personal fue porque me había creado unas expectativas que no se cumplieron por una razón de peso: me había convertido en madre y eso sí que es un full-time-job.

He contado varias veces qué me ayudó a darme cuenta de que sí tenía tiempo que dedicarle a cosas que me hiciesen feliz y me diesen algo de satisfacción, como por ejemplo escribir.

De ahí en adelante, una cosa quedó clara: en general, sí que tenía tiempo. Lo que necesitaba era un poco más de planificación y trabajar en bloques. Con un bebé en casa todo el día no es posible, por supuesto. Pero a veces se puede sacar tiempo de debajo de las piedras. O hacer algunas tareas con tu peque que no sean complicadas.

Al principio, a mí me daba un miedo terrible hacer cosas con ella por si pasaba algo. Ahora, algunas tareas del hogar las hacemos juntas. Ponemos lavadoras las dos y metemos las cosas en el lavavajillas. Organizamos los juguetes y la ropa limpia juntas.

Por supuesto, si hago estas tareas sola me ocupan la mitad del tiempo. Pero ella se divierte y yo consigo quitarlas de la lista.

A mí lo que más me ayuda es la planificación. Sobre todo, los días en los que no estoy en la oficina y se los dedico en gran medida a mi trabajo de escritora. La semana pasada te presenté la Agenda Digital para Escritoras 2023 con la que tendrás espacio para planificar tu vida privada y profesional por igual.

 

Querer abarcar demasiado no es el camino correcto

El día tiene 24 horas. Eso ya lo hemos dicho, ¿cierto?

Entonces, ¿por qué te empeñas en querer hacer más de lo que es humanamente posible?

Te propongo un truco a la hora de anotar tus tareas en tu agenda: no anotes más de tres por día. Siempre que sea posible, por supuesto. En caso de tener que anotar cuatro un día concreto, intenta que el día de antes o después tenga solo dos. La tarea que tenga prioridad cada día, la subrayas. Y que solo sea una por día.

Trabaja así algunas semanas. ¿Ves alguna diferencia? ¿Consigues quitar más cosas de la lista que antes?

En realidad, esto no es más que un placebo para el cerebro. Conforme vayas quitando cosas de la lista, te sentirás más motivada a hacer más y, siempre que puedas, seguirás trabajando. Pero, en caso de que un día no puedas hacerlo todo, también estará bien porque la lista no es interminable.

Sé que tienes demasiado que hacer. Mucho más si te encuentras en medio del lanzamiento de un libro. Pero también te recomiendo que hagas una lista aparte con todas las tareas que tienes pendientes. Las puedes ir pasando a la agenda poco a poco sin perderlas de vista, pero sin llenar la agenda hasta los bordes de cosas por hacer.

Créeme: tu cerebro y tu motivación te lo agradecerán.

 

Haz de tus habilidades tus mejores amigas

Celebrando tus éxitos y diciéndote lo bien que lo estás haciendo, estarás poniendo a tus habilidades de tu lado. ¿Que a qué me refiero con esto? ¡Fácil!

Pongamos por ejemplo que has descubierto una habilidad nueva: doblas la ropa en tiempo récord. Te has dado cuenta y te has felicitado por ello. Qué bien, oye. Ya no tendrás que buscar otra actividad con la que distraerte mientras doblas la ropa porque lo odias sobre todas las cosas. Bien, entonces anótalo en tu lista de tareas pendientes para el día en el que hagas la colada. Puedes hacer un juego del doblar la ropa. ¿Cuánto tiempo tardas? ¿Solo son 10 min? ¡Estupendo! Ya puedes quitarlo de la lista. Y solo han sido 10 minutos. Así que te queda tiempo de hacer más antes de ir a buscar a los peques al colegio.

Esto, para tu cerebro, es como un chute de energía. Tarea que quitas de la lista por hecha, más ganas tendrás de hacer la siguiente. Incluso aunque sea por el hecho de quitarlas todas para no tener que hacerlas al día siguiente.

Yo odio hacer la colada, así que mi truco está en meterlo siempre entre actividades que sí que me gustan. Por ejemplo: mientras editaba mi novela, hacía una pausa de 3-4 min entre varios capítulos corregidos. En estas pausas me dije que iba a poner las lavadoras y a colgar la ropa. Y me funcionó, porque engañé a mi cerebro para que hiciese esa tarea sin pensar en cuánto lo odiaba, sino en que al terminar iba a poder seguir editando y tenía muchas ganas.

No dudes en hacer la prueba. Mi método no tiene que funcionarte igual que me funciona a mí. La gracia es que lo pruebes y lo adaptes a ti, tus rutinas, tu día y tus necesidades. Si descubres el método que te funciona a ti, no dudes en regresar a este artículo y contármelo en los comentarios.

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